Resumen.
No es exagerado decir que la gobernanza de las empresas ha pasado del santuario interior de la sala de juntas a ser el centro de atención del discurso público. Hoy en día se exige más a los directores independientes: se espera que garanticen el cumplimiento por parte de sus empresas de un conjunto de reglamentos en constante evolución, eviten las fechorías de los ejecutivos y apacigüen el deseo interminable de los accionistas y de Wall Street de obtener resultados positivos a corto plazo.