Resumen.
En 1998, uno de nosotros, Daniel Goleman, publicó en estas páginas su primer artículo sobre inteligencia emocional y liderazgo. La respuesta a «¿Qué hace a un líder?» estaba entusiasmado. La gente de la comunidad empresarial y más allá empezó a hablar del papel vital que desempeñan la empatía y el autoconocimiento en un liderazgo eficaz. El concepto de inteligencia emocional sigue ocupando un espacio destacado en la literatura sobre liderazgo y en las prácticas diarias de entrenamiento. Pero en los últimos cinco años, la investigación en el campo emergente de la neurociencia social —el estudio de lo que ocurre en el cerebro mientras las personas interactúan— ha empezado a revelar nuevas y sutiles verdades sobre lo que hace que un líder sea bueno.