Resumen.
A medida que la recesión se ha apoderado del mundo y he visto a las empresas recurrir a medidas extremas para capear la tormenta, me he dado cuenta de que se trata de una experiencia nueva para toda una generación de líderes. Muchos directivos nunca han tenido que reducir drásticamente sus operaciones o su plantilla y, como resultado, cometen un error común. Asumen que tienen que ser los tipos duros los que toman las decisiones y que después pueden delegar la implementación en otros con una orden de marcha: «¡Vaya rápido!»