Resumen.
Hasta hace poco, el criterio utilizado para evaluar el desempeño de los líderes corporativos estadounidenses era relativamente simple: la medida en que crearon riqueza para los inversores. Pero eso fue entonces. Ahora las fuerzas de la globalización y la tecnología se han confabulado para complicar el ámbito competitivo y han creado la necesidad de líderes que puedan gestionar la innovación rápida. Las expectativas sobre el papel de la empresa en temas sociales como la degradación ambiental, la creación de empleo nacional e incluso la pobreza en el mundo en desarrollo también han aumentado considerablemente. Y la forma de pensar rápida y cortoplacista que Wall Street premió solo ayer ha pasado de moda tras la última ronda de redadas y escándalos empresariales.