El apalancamiento es el mantra de la filantropía de los tiempos, y con razón. La gente quiere saber que las organizaciones benéficas a las que apoyan utilizan las donaciones de la manera más eficaz posible. Los donantes y los financiadores institucionales son más exigentes, más exigentes y menos distantes. Ya no se contentan con emitir un cheque y asegurarse su lugar en el cielo. Quieren resultados.