Los ejecutivos suelen quejarse de que la obsesión de los inversores por los resultados a corto plazo les obliga a tomar decisiones que perjudican la rentabilidad a largo plazo. Pero nuestra investigación demuestra que también ocurre lo contrario: los ejecutivos con una orientación a corto plazo atraen a inversores que se fijan únicamente en las cifras trimestrales.