Hubo cinco finalistas en la carrera por ser sede de los Juegos Olímpicos de 2012. ¿Se enfadaron sin duda los alcaldes de Londres, Madrid, Moscú y París cuando decidieron hacer una oferta para el evento deportivo más importante y complejo de la faz del planeta? ¿O habían discernido algo más allá del espectáculo de 17 días que hacía que la perspectiva de ser sede de los Juegos fuera casi irresistible?