Todos reconocemos que sin el apoyo del sector privado, muchos de los programas públicos de arte, salud y educación —que damos por sentados— no existirían. Ese mismo espíritu debería extenderse a los Big Data. En el punto álgido de la crisis financiera mundial de 2009, el Iniciativa Global Pulse (del que soy director) fue creado por el Secretario General de las Naciones Unidas como laboratorio de I+D para averiguar si el Big Data y la analítica en tiempo real podían ayudar a que la formulación de políticas fuera más ágil y eficaz. Cada vez hay más pruebas de que sí.