Las empresas que invierten mucho en I+D a menudo se debaten entre tecnologías emergentes, preguntándose cuál triunfará en el mercado y es, por tanto, la que hay que desarrollar. (El ejemplo clásico son las grabadoras de vídeo VHS frente a las Betamax.) La sabiduría convencional sugiere que pagan caro por equivocarse. Pero mis investigaciones demuestran que apostar por una tecnología perdedora y pasarse luego a la ganadora puede situar a una empresa por delante de competidores que estuvieron en el buen camino todo el tiempo.