Su miedo a los robots es totalmente razonable. La cultura popular nos ha bombardeado con imágenes inolvidables de autómatas diabólicos. Son asesinos (HAL en 2001: Una odisea del espacio); son engreídos (Cutie en Yo, robot de Isaac Asimov); y -más concretamente- nos roban el trabajo (los androides de R.U.R. de Karel Čapek, la obra de teatro de 1920 que acuñó la palabra "robot").