
¿Por qué las vacas no coreografían bailes? ¿Por qué los caimanes no inventan lanchas rápidas?". Estas son las preguntas que Anthony Brandt, compositor, y David Eagleman, neurocientífico, se plantean -e inmediatamente responden- en el primer capítulo de su nuevo libro, La especie fugitiva. Los animales no pueden igualar el ingenio humano, explican, debido a "un ajuste evolutivo en los algoritmos que dirigen [nuestros] cerebros". Somos diferentes porque vemos el mundo no sólo como es sino como podría ser. Pensamos ¿Y si...? y por ello podemos crear nuestros propios futuros. Y qué existencia hemos forjado hasta ahora: el lenguaje y la contabilidad, la rueda y el arado, las vacunas y los medicamentos, el cine y los rascacielos, los satélites y los smartphones.