
Resumen.
La vida es demasiado corta para ser infeliz en el trabajo. Sin embargo, muchos profesionales que son libres de dar forma a sus carreras son precisamente eso: desganados, insatisfechos y desdichados. Tomemos por ejemplo a "Sharon", vicepresidenta de una empresa energética global y una de mis clientes de consultoría. Es inteligente y trabajadora y ha ascendido siguiendo las reglas. Gana mucho dinero, está casada con un hombre al que ama y se dedica a sus hijos. Tenía todo lo que creía desear, pero no era feliz. Las cosas estaban tensas en casa y el trabajo ya no la gratificaba. Estaba cansada de la política en el lugar de trabajo y se sentía cínica ante los interminables cambios que supuestamente arreglarían lo que fuera que anduviera mal en la empresa en un trimestre determinado. Estaba resentida por las largas horas que se le exigían. El próximo ascenso y la bonificación ya no eran tan tentadores como antes, pero seguía trabajando tan duro como siempre: Esforzarse era un hábito.