El riesgo político en el ámbito empresarial solía tener un significado bastante específico. Era el peligro de que un país actuara de alguna manera que perjudicara la capacidad de una multinacional para hacer negocios. Piense en un dictador confiscando activos extranjeros. Pero como señalan Condoleezza Rice y Amy Zegart en "Gestión del riesgo político del siglo XXI", necesitamos ampliar esa definición. "Gran parte del riesgo político dentro de los países y entre ellos procede ahora de otros actores: individuos que empuñan teléfonos móviles, funcionarios locales que dictan ordenanzas municipales, terroristas que detonan camiones bomba, funcionarios de la ONU que administran sanciones y muchos más", escriben.