
Resumen.
Durante años, Charles soñó con trabajar codo con codo con su hijo, James, en el negocio familiar, una próspera empresa manufacturera que su padre había fundado y él había hecho crecer. Como James se incorporó al negocio nada más salir de la universidad, ambos hombres asumieron que acabaría haciéndose cargo. Pero las cosas no habían salido como esperaba el patriarca. Deseoso de demostrar su valor para el negocio, James pidió, y se le dio, la responsabilidad de hacer crecer nuevas líneas de negocio. Iniciativa tras iniciativa fracasaban o decepcionaban, pero Charles las descartaba como valiosas experiencias de aprendizaje. Ahora tenía un problema mayor. Empleados de confianza que llevaban mucho tiempo trabajando en el grupo de James estaban presentando su dimisión. Charles temía que James nunca fuera capaz de dirigir esta empresa y, lo que era peor, que la estuviera dañando irreparablemente. La pregunta que se cernía sobre su mente: ¿Debo despedir a mi propio hijo?