
En otoño de 2017, cuando el New York Times y otros medios de comunicación empezaron a informar sobre el acoso y las agresiones sexuales generalizados por parte de poderosas figuras masculinas del mundo del espectáculo, muchas personas se sintieron alentadas. La sabiduría convencional era que sacar el tema a la luz y castigar a los responsables tendría un efecto disuasorio. Leanne Atwater, profesora de gestión en la Universidad de Houston, tuvo una respuesta diferente. "La mayor parte de la reacción al #MeToo fue de celebración; suponía que las mujeres iban a salir realmente beneficiadas", afirma. Pero ella y sus colegas investigadores se mostraron escépticos. "Dijimos: 'No estamos seguras de que esto vaya a ser tan positivo como la gente cree; puede haber algunas secuelas'".