
Resumen.
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Perder un empleo es profundamente impactante. Es una pérdida del medio de vida: la capacidad de mantenernos a nosotros mismos y, a menudo, a nuestras familias. Pero el impacto emocional va más allá del estrés financiero. Para muchas personas, el trabajo ofrece significados y relaciones valiosas y, cuando el trabajo se va, con frecuencia éstos se van con él, lo que provoca nuestra vergüenza y enfado, así como la pena por dejar a personas, proyectos y un lugar al que hemos entregado gran parte de nosotros mismos. Pero quizá lo más significativo sea el impacto de la pérdida del trabajo en nuestra identidad o sentido de nosotros mismos. Para muchos, el trabajo no sólo es una gran parte de nuestras horas de vigilia, sino también lo que sentimos que somos. Esto es especialmente cierto si desempeñábamos un trabajo que amábamos o uno en una carrera construida a lo largo de los años. La pérdida de esta identidad puede ser devastadora.