Con el reciente auge de la ética empresarial viene una curiosa ironía: cuanto más se afianza la disciplina en las escuelas de negocios, más desconcertante (e incluso desagradable) les parece a los verdaderos directivos.
Con el reciente auge de la ética empresarial viene una curiosa ironía: cuanto más se afianza la disciplina en las escuelas de negocios, más desconcertante (e incluso desagradable) les parece a los verdaderos directivos.