
Resumen.
Las personas no entran en la fuerza de trabajo con un carácter moral fijo. Al igual que los empleados pueden cultivar (o descuidar) sus habilidades y capacidades con el tiempo, pueden aprender a ser más o menos éticos. Sin embargo, en lugar de adoptar una visión a largo plazo del desarrollo moral de los empleados, muchas organizaciones tratan la formación ética como un acontecimiento puntual, limitándola a menudo al proceso de incorporación. Si abordan la ética después, puede que sea sólo mediante la adopción de códigos de conducta o el establecimiento de líneas directas de denuncia de irregularidades. Estas medidas pueden frenar acciones poco éticas concretas, pero no ayudan necesariamente a los empleados a desarrollarse como personas morales.