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Siddhanth Mookerjee y sus colegas de la Universidad de Columbia Británica llevaron a cabo una serie de estudios que exploraban el impacto de etiquetar los productos visualmente atípicos como "feos". Descubrieron que, a pesar de la reticencia de los gerentes y propietarios de las tiendas a utilizar ese lenguaje, generaba más compras por parte de los clientes que eufemismos como "imperfecto" o simples descuentos sin un motivo declarado. La conclusión: Para vender un producto feo, llámelo simplemente así.