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Resumen.
Dirige a más gente que nunca con mucho menos apoyo. Las responsabilidades siguen multiplicándose, pero los recursos no. Y aunque se supone que debe pensar estratégicamente y centrarse en el panorama general, a menudo se queda atascado en la lucha diaria. Todo líder abrumado se siente atrapado en su propia versión especial del infierno de la gestión.